He leido un articulo en cotizalia.com escrito por Kevin Woods. La verdad que me ha parecido alentador en esto tiempos de crisis,
“Llevo trabajando en los mercados financieros desde hace décadas y, probablemente, veo la situación actual de crisis de forma distinta a algunos de mis colegas más jóvenes. Me enrolé en el programa de trainees del Chase Manhattan Bank en Nueva York en 1974, justo un año después de que la OPEP subiera el barril de petróleo de 3 a más de 13 dólares el barril. Esto provocó una crisis de la economía de la que nos llevó años recuperarnos. Desde mis comienzos aprendí lo que era vivir una crisis y también aprendí que, después de un tiempo, siempre hay luz al final del túnel.
Durante los ochenta vivimos un periodo de niveles de deuda crecientes y el fenómeno de los bonos basura financiando buy-outs apalancados. La cima se alcanzó cuando KKR compró RJR Reynolds por 25.000 millones de dólares en 1988. La burbuja de ese mercado explotó durante la crisis de 1989 en que vivimos la caída de Drexel, el colapso de muchas S&Ls y la casi desaparición de Bank of America, el banco para el que yo trabajaba. Los comentaristas y moralistas del momento hablaban de cómo en los años ochenta se habían reemplazado los valores morales por avaricia y codicia y que esto no debía volver a ocurrir.
En retrospectiva parece que en las tres últimas décadas, los mercados financieros de Estados Unidos, aparte de grandes o pequeños crashes, han producido por lo menos una gran crisis por década. Cada una de la cuales ha producido un “efecto dominó” con el consiguiente estremecimiento en los mercados financieros de todo el mundo.
En los noventa, la “nueva economía” creció y empezó a producir billonarios de la noche a la mañana con compañías puntocom. Dos o tres amigos con una idea y un plan de negocio eran suficiente materia prima para establecer una empresa en una oficina alquilada o en un garaje y levantar cantidades de dinero indecentes basadas en ingresos que jamás se verían, respaldados por estudios de los más sofisticados analistas y los bancos de inversión líderes que vendieron los títulos emitidos por estas empresas start-up a los inversores más inteligentes. Esta burbuja explotó a finales de los noventa y, una vez más, los comentaristas emitieron sus juicios sobre lo acontecido.
Sobre estas mismas fechas, en los noventa, los hedge funds se convirtieron en jugadores cada vez más importantes en los mercados financieros y probablemente ayudaron a propulsar el entorno especulativo impulsando el fenómeno de la nueva economía.
En 1994 se creó Long Term Capital Management para ser “la madre de todos los hedge funds”. Después de levantar la formidable cifra para la época de 1.250 millones de dólares, a principios de 1996 la firma tenía 140.000 millones en activos. En el verano de 1998 la desaparición de la firma se empezó a desvelar y el Banco de la Reserva Federal de Nueva York tuvo que organizar un plan de salvamento invitando a los principales bancos de inversión a crear un fondo de 3.600 millones de dólares para solucionar el desastre.
A lo largo de los ochenta y de los noventa, los mercados financieros se volvieron más y más complejos y nuevos instrumentos proliferaron diseñados, teóricamente, para permitir a los inversores la predicción, medida y atenuación del riesgo. Una lista interminable de productos derivados dieron lugar a mercados totalmente nuevos. Los diseñadores de estos productos eran, con frecuencia, licenciados en matemáticas o física salidos de entornos puramente académicos. En banca los llamábamos rocket scientists. Se les pagaba para crear modelos financieros complejos y productos que la gente normal difícilmente pudiese comprender con facilidad. Se convirtió en algo difícil el cuantificar la exposición al riesgo que estos nuevos productos representaban. Además de los límites tradicionales de crédito que los bancos estaban acostumbrados a establecer se inventaron nuevos límites basados en los riesgos teóricos que podrían producirse, por ejemplo, en un swap de tipos de interés de 50 millones de dólares para un cliente.
Los noventa también vivieron escándalos contables que conmocionaron los mercados y produjeron colapsos de una cantidad significativa de grandes corporaciones en un periodo cortísimo de tiempo. Cabe destacar: Enron, Worldcom, Tyco, Global Crossing y otros haciendo hundirse con ellos nombres sagrados como Arthur Andersen y trayendo como resultado enormes multas que tuvieron que pagar casi todos los principales bancos de inversión de Wall Street.
La ultimísima crisis de las hipotecas subprime sigue un modelo de nuevos instrumentos financieros creativos que han facilitado el crecimiento de los mercados especulativos. En un momento de tipos de interés bajos, los bancos estaban experimentando un crecimiento bajo de los préstamos. Una forma de mejorar era hacer préstamos más arriesgados para los que se podía cobrar tipos de interés más altos. Los bancos no tenían ni que originar los préstamos; emplearon agentes denominados brokers de préstamos. Esto era fácil cuando el mercado inmobiliario estaba en pleno boom porque, incluso cuando los préstamos eran arriesgados, el valor de los activos que se iban a financiar estaba creciendo. Los bancos de inversión llegaron a la idea de formar paquetes de estos préstamos incluyendo hipotecas prime (con poco riesgo de impago) y otras con mayor riesgo de impago (las subprime) y algunas entre estas dos.
Con la estructuración de estos paquetes convencieron a las agencias de rating la asignación de un rating del paquete completo. Ayudaron a los bancos a quitarlos de los balances ofreciéndoselos a los mercados en forma de obligaciones de deuda colaterales (“CDOs”). Esto creó nuevo espacio en los balances de los bancos para firmar más hipotecas sin tener que levantar capital adicional. Desgraciadamente, a principios de 2007 las bases del mercado inmobiliario en Estados Unidos empezaron a mostrar síntomas de debilidad.
La combinación del riesgo de crédito de estos productos estructurados, el alto apalancamiento utilizado para financiar las posiciones de los bancos y de los hedge funds y la falta de liquidez debido a la dependencia de la financiación a corto plazo para invertir en ellos, creó una situación sumamente inestable. Como los acontecimientos se fueron sucediendo después del verano de 2007, la confianza en los mercados empezó a debilitarse y a principios de 2008 todo el castillo de naipes comenzó a derrumbarse.
En marzo de 2008, la Reserva Federal y JP Morgan tuvieron que salir al rescate del banco de inversión Bear Stearns. Nadie sabe a ciencia cierta cuán grande es esta burbuja.
Siguiendo la típica moda americana, a finales de los años ochenta, un género completo de libros de humor y entretenimiento comenzó a aparecer narrando los excesos del mercado. Uno de los “bestsellers” sobre el mercado de buy-outs apalancados fue Barbarians at the Gate. The New New Thing: a Sillicon Valley Story también refleja los excesos y la falta de juicio de la nueva economía. Y hay muchos más.
Puede que estemos en estos momentos envueltos en la niebla de la crisis económica más severa de los últimos 30 años pero, en cualquier caso, estoy convencido de que en un periodo de tiempo razonable el mercado volverá a recuperarse (y, desde luego, volverán a publicarse otros libros sobre el tema). Recordemos que siempre hay luz al final del túnel.”
Besos de colores,